lunes, 1 de abril de 2013

(Antes de cualquier prejuicio como nombre, fecha y demás, empieza el texto)


Cuando las primeras conexiones son interrumpidas abruptamente, nosotros los seres humanos quedamos sin contexto. Y así es como vivimos, descontextualizados de nuestro entorno, ajenos al mundo que está, sumergidos en un mundo ficcionado e irreal que satisface las necesidades del mercado. Es que en el primer momento en que llegamos a este lugar lo primero que hacen es aislarnos, protegernos, cuidarnos de algo malvado que nos va a hacer daño. Y así configuramos nuestra alma y mente, con miedo, y así un día más un día menos vamos recorriendo las líneas del tiempo con pánico escénico, temor a ser. Cada mañana abrimos el cuerpo pero no abrimos el corazón. Y salimos a vivir desconfiados del que está al lado, pensando cuál es la mejor forma para evadirlo para timarlo. La rutina humana se convirtió (gracias a la des-conexión inicial, o conexión inicial, no se sabe) en un pulso en donde gana el más fuerte. En donde todo el empeño que pongas en ser humano va a quedar relegado a nada sino conseguiste con qué vivir.

Mercado. “Mercado, en economía, es cualquier conjunto de transacciones o acuerdos de negocios entre compradores y vendedores. En contraposición con una simple venta, el mercado implica el comercio formal y regulado, donde existe cierta competencia entre los participantes. El mercado es, también, el ambiente social (o virtual) que propicia las condiciones para el intercambio.” (noción colectiva de mercado, wikipedia). Mercado es complicarnos la vida. No es complejizar es complicar. Es armar un circo gigantesco alrededor de la vida humana. Y mientras tanto los gatos miran desde sus tejados como los humanos nos devoramos los unos a los otros. Como propiciamos ese ambiente social propicio para la competencia y por ende como vamos destruyendo el planeta. Lindo planeta que nos da de todo a todos, que nos caliente el esqueleto en las mañanas y nos arruya en la noche. Mercado es estúpido. Ideas de mercado. Opciones de mercado. Expandir el mercado. Explorar nuevos mercados. Mercado es estúpido. Mercar. Encontramos un recurso, el que sea, una hermosa fuente de algo que está (sin precio, sin dudar, sin prejuicio) y queremos convertirlo en algo que no estaba, que nos inventamos para poder responder a ese “conjunto de transacciones o acuerdos de negocios”. Queremos convertirlo todo en dinero. Dinero. Papel moneda sin valor más que el oficial. Más que el valor que le dan una serie de instituciones que validan las dinámicas sociales y mercantilistas en el mundo. Hoy la libra de café vale más que ayer. El arbol sigue dando los frutos,. El café sigue ahí. La planta ahora no debe hacer un esfuerzo mayor, $0.3 US más para hacer café. Ficciones. El petróleo. Otra ficción. En fin, porque aun no llegamos a lo más triste. La academia no está enseñando a entender esto. Lo promueve ciegamente.
´´Qué horas son la vida entera” canta un hombre de la tierra, Manu Chao. Rápido. Siempre rápido. No hay tiempo. El mundo se está quedando sin tiempo. Se van los segundos, se esfuman por entre quién sabe qué. Se van y no vuelven. Voy tarde. Miro el reloj y me doy cuenta que voy aun más tarde. Y el mundo entero va tarde. Va tarde a sus obligaciones. El tiempo...ese elemento inconcebible se agota. Voy de afán. Se me hizo tarde. No tengo tiempo. Jugamos carreras infinitas a lo largo de nuestras vidas, como un hamster en una jaula corriendo detrás de un trozo de queso. Qué carrera estudias. Cómo te ganas la vida. Paréntesis (uno se gana la vida en el momento en que respira por primera vez en esta tierra, la vida no hay que ganársela dos veces) Pero al no entender esto y creer que debemos salir allá a competir por nuestro pan y nuestra agua el sistema se valida y nosotros nos encargamos de aceitar sus propias dinámicas. Luego nos dicen que se acabo el tiempo. Nos jubilamos. Fin de nuestra vida.

Ahora y no menos cómico tenemos a la institución administradora de la fe. La iglesia no es un lugar de apertura y conciencia, al contrario, la iglesia lo que pretende con su mecanismo avasallador es sistematizar la moral y la conducta de los seres humanos en cantidades inconmensurables. Si la iglesia no ocultara el poder de la mente sino que difundiera ese mensaje el mundo sería un lugar mejor. Pero no, la iglesia es una institución que de frente le dice a la sociedad, aquí estamos, tenemos el poder, tenemos el conociemiento pero no se los queremos compartir. Y en vez de eso lo que hacen es adoctrinar como ovejas a una gran masa de seres humanos, haciendo que se mantenga un satus quo perfecto para el poder. Y así los fieles vamos cada domingo a la iglesia porque es que en semana no queda tiempo para ser espiritual, entonces con el domingo compensamos. Qué nos pasa. No queremos pensar. Y además queremos que nos direccionen. Nos direcciona el mercado, el tiempo nos da el ritmo y por último la iglesia nos purifica de todos nuestros demonios interiores.

Y así deambulamos por el mundo. Con papeles. En la legalidad. Sin estar en mora. Pero sin realmente generar un contacto con la realidad intrínseca de la naturaleza del mundo y peor aun de nuestra propia naturaleza. Nos gusta usar zapatos para no tocar, sentir y experimentar el camino trazado, el destino caminado. Sabemos que ese destino que caminamos no es nuestro, no nos pertenece. Lo cargamos como quien carga la cruz de otro. Y alguien ya cargó la cruz. Ya nos mostró. No hicimos caso. Nos gusta el riel gratuito y automático de la rutina. Preferimos andar caminos ajenos del alma y la calle, porque la pereza nos impide pensarnos, pensar. Y cuando el boton de sentir se apaga el ente se para y “vive”.

Enciende. Abre. Eleva. Llama. Empieza. Inicia. Vuelve a abrir. Haz. Crea. Agradece. Concede. Dar. Permite que las líneas del tiempo caigan como son, sinceras y reales. Sentirse ser humano cada día. Ser humano con capacidad de aprender siempre. Porque hay algo que nunca perdemos ni el día final, y es la capacidad de aprender. Siempre aprendemos. La experiencia enseña. Siempre enseña. Porque de la escuela ya no quiero hablar.


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